A la persona que sobrevivió a ser yo
Querido yo del futuro
A la persona que sobrevivió a ser yo
Carta a una desconocida que lleva mi nombre.
Querida yo del futuro:
Si estas palabras han llegado hasta ti, significa que el tiempo no consiguió borrar por completo a la persona que fui.
No sé qué rostro tengas ahora, ni cuántas veces hayas tenido que reconstruirte en silencio. No sé si finalmente encontraste la paz o si todavía existen noches que parecen no terminar. Solo espero que, al leerme, recuerdes que hubo una versión de ti que, aun sin conocer el desenlace, decidió continuar.
Has trabajado demasiado para olvidar lo que te costó llegar hasta aquí. Has librado batallas que quizá nunca sepas explicar y has conocido partes de ti que jamás imaginaste. Pero, por favor, no confundas tus heridas con tu identidad. Tus adicciones no son tu nombre, tus ataques no son tu destino y tus autolesiones no constituyen el final de tu historia. No tienes que destruirte para demostrar que puedes soportar el mundo. Mereces aprender a vivir en él sin hacerte daño.
Espero que hayas descubierto que la fortaleza no siempre ruge; a veces, apenas susurra: *un día más*. Y que pedir ayuda no es rendirse, sino permitir que alguien sostenga la luz mientras tú recuperas las fuerzas para caminar.
¿Sigues escribiendo?
Espero que nuestro libro ya exista, que alguien lo haya sostenido entre sus manos sin imaginar cuántos pensamientos dejamos entre sus páginas. Sueño con que nuestras palabras encuentren a alguien que se sienta extranjero en su propia vida y le hagan comprender que no está solo. Porque quizá escribir sea eso: dejar pequeñas partes de nosotros en el mundo para que alguien, algún día, pueda encontrarnos.
¿Siguen contigo aquellos compañeros que tanto admiras? Espero que sí. Que nunca dejes de acercarte a las personas que despiertan tu curiosidad, que te enseñan a pensar y que hacen del conocimiento una forma de mirar las estrellas.
Y si todo ha cambiado, no temas. Nada permanece intacto para siempre; ni las personas, ni los sueños, ni siquiera aquello que un día creímos imposible de superar.
Quiero que sepas algo: vale la pena vivir, incluso antes de que la vida se vuelva hermosa. No por una promesa de felicidad eterna, sino porque aún existen páginas que no hemos leído, lugares que desconocemos y versiones de nosotras mismas que todavía esperan ser descubiertas.
No sé si habrás cumplido nuestros sueños. Tal vez seas una gran escritora; tal vez sigas buscando el comienzo de tu primera obra. Pero no permitas que la espera te convenza de que has fracasado. No todas las flores llegan en primavera, y no todo lo valioso ocurre a tiempo para los demás.
Si alguna vez miras hacia atrás y encuentras a la chica que escribió esta carta, no la juzgues por sus contradicciones. Ella estaba aprendiendo a vivir mientras intentaba comprender la vida. Perdónala por las veces que no supo cuidarse y agradécele por haber conservado la esperanza suficiente para imaginarte.
Porque yo no conozco tu futuro, pero he decidido creer en él.
Y si alguna vez olvidas quién eres, vuelve a estas palabras. No para recordar cuánto sufriste, sino para comprender que eras mucho más que aquello que te dolía.
Sobrevivir no tiene que ser el propósito de toda tu existencia. Algún día, también mereces vivir por el simple milagro de estar aquí.
Con amor, desde un pasado que todavía respira entre estas líneas,
Tu yo de ayer
La muchacha que aún no conocía el final, pero que, de alguna manera, dejó una luz encendida para ti.
Publicada de forma anónima por su autor en YoDelFuturo. Escribe la tuya.
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