Querido Ernesto del futuro: No sé cuándo estés leyendo esta carta. Tal vez en una noche tranquila después de un día pesado, o quizá en uno de esos momentos donde la vida vuelva a doler y necesites recordar quién eras realmente. Pero hoy, mientras escribo esto, estoy viviendo mis últimos días de preparatoria… y sinceramente no sé cómo sentirme. Es extraño ver cómo una etapa de tu vida termina frente a tus ojos. Hace poco apenas estaba entrando a la prepa, con miedo, inseguridades y sueños enormes, y ahora estoy aquí, viendo cómo el tiempo se llevó momentos que jamás volverán. Las risas en los pasillos, las pláticas con amigos, el estrés de las tareas, las despedidas que aún no terminan de sentirse reales… todo se está convirtiendo en recuerdos demasiado rápido. Y creo que eso es lo que más duele de crecer: darte cuenta de que hay momentos que no sabías que eran especiales hasta que empezaron a acabarse. Espero que nunca olvides quién eras a esta edad. Porque aunque muchas personas quizá solo veían a un muchacho tranquilo, tú sabes todo lo que había dentro de ti. Sabes cuántas veces te sentiste solo incluso rodeado de gente. Sabes lo mucho que te costaba sentirte suficiente. Sabes todas las noches donde te quedaste pensando demasiado, extrañando demasiado y sintiendo demasiado. Has amado con el corazón completo. Has dado cariño incluso cuando tú también necesitabas que alguien te abrazara emocionalmente. Has intentado ayudar a otros aun cuando por dentro también estabas roto. Y aun así… seguiste adelante. Pero de todas las heridas que llevas dentro, hay una que jamás terminó de sanar: la partida de papá. Hay días donde todavía cuesta creer que ya no está. Días donde quisieras escuchar su voz una vez más, enseñarle tus logros, pedirle un consejo o simplemente sentarte con él sin decir nada. A veces el mundo sigue avanzando como si nada hubiera pasado, pero tú sabes que desde que él se fue, una parte de ti también cambió para siempre. Y aunque el tiempo pase, hay ausencias que nunca dejan de doler. Ojalá nunca olvides todo lo que papá dejó en ti. Porque en tu forma de amar a la familia, en tu gusto por lo clásico, por lo vaquero, por las canciones de antaño, por las carnes asadas y las cosas simples de la vida… él sigue viviendo contigo. Está en cada meta que quieres cumplir. Está en el hombre que intentas convertirte. Está incluso en las veces donde te levantas aunque sientas el corazón cansado. Espero que la vida no te haya vuelto frío. Espero que sigas mirando el cielo cuando necesites pensar. Que sigas escuchando música que te haga sentir vivo. Que todavía te emociones con los pequeños momentos. Que no hayas perdido esa sensibilidad tan tuya, porque aunque sentir tanto a veces duela, también es lo que te hace humano. Quiero que recuerdes los sueños que tienes hoy. El muchacho que quiere estudiar ingeniería ambiental para hacer algo bueno por el mundo. El que imagina un futuro tranquilo, estable, con una familia unida y paz emocional. El que sueña con una casa donde nunca falten risas, música y amor verdadero. Y si las cosas no salieron exactamente como imaginabas, no te castigues por eso. La vida no siempre sigue nuestros planes. A veces simplemente sobrevivir ya es una victoria enorme. Porque tú sabes todo lo que has tenido que cargar a tu corta edad. Las pérdidas. Las decepciones. Las veces que sentiste que nadie entendía cómo te sentías realmente. Y aun así aquí estás… intentando convertirte en alguien bueno, noble y fuerte. Y quiero pedirte algo, Ernesto del futuro: No olvides jamás al muchacho que escribió esta carta en su última semana de preparatoria. No olvides al joven que tenía miedo de crecer porque sentía que el tiempo le estaba arrebatando personas, momentos y versiones de sí mismo demasiado rápido. No olvides al hijo que todavía extraña a su papá en silencio. No olvides al muchacho sensible que amaba profundamente aunque el mundo lo lastimara. Y sobre todo… no olvides sentir. Porque quizá algún día tengas muchas responsabilidades, problemas y cansancio encima. Quizá la vida te cambie. Pero espero que nunca mates la parte más bonita de ti por intentar sobrevivir. Hoy soy yo quien sueña con convertirse en ti. Y sinceramente espero que cuando leas esto puedas decir: “Lo logramos.” Para abrir el 18 de marzo de 2030, en mi cumpleaños número 22. Espero que al leer esto todavía siga vivo dentro de ti el muchacho noble, sensible y soñador que escribió estas palabras. Con cariño, Ernesto, 2026.
By YoDelFuturo ®
Haz click aqui para escribirte mas cartas.
Querido Ernesto del futuro: No sé cuándo estés leyendo esta carta. Tal vez en una noche tranquila después de un día pesado, o quizá en uno de esos momentos donde la vida vuelva a doler y necesites recordar quién eras realmente. Pero hoy, mientras escribo esto, estoy viviendo mis últimos días de preparatoria… y sinceramente no sé cómo sentirme. Es extraño ver cómo una etapa de tu vida termina frente a tus ojos. Hace poco apenas estaba entrando a la prepa, con miedo, inseguridades y sueños enormes, y ahora estoy aquí, viendo cómo el tiempo se llevó momentos que jamás volverán. Las risas en los pasillos, las pláticas con amigos, el estrés de las tareas, las despedidas que aún no terminan de sentirse reales… todo se está convirtiendo en recuerdos demasiado rápido. Y creo que eso es lo que más duele de crecer: darte cuenta de que hay momentos que no sabías que eran especiales hasta que empezaron a acabarse. Espero que nunca olvides quién eras a esta edad. Porque aunque muchas personas quizá solo veían a un muchacho tranquilo, tú sabes todo lo que había dentro de ti. Sabes cuántas veces te sentiste solo incluso rodeado de gente. Sabes lo mucho que te costaba sentirte suficiente. Sabes todas las noches donde te quedaste pensando demasiado, extrañando demasiado y sintiendo demasiado. Has amado con el corazón completo. Has dado cariño incluso cuando tú también necesitabas que alguien te abrazara emocionalmente. Has intentado ayudar a otros aun cuando por dentro también estabas roto. Y aun así… seguiste adelante. Pero de todas las heridas que llevas dentro, hay una que jamás terminó de sanar: la partida de papá. Hay días donde todavía cuesta creer que ya no está. Días donde quisieras escuchar su voz una vez más, enseñarle tus logros, pedirle un consejo o simplemente sentarte con él sin decir nada. A veces el mundo sigue avanzando como si nada hubiera pasado, pero tú sabes que desde que él se fue, una parte de ti también cambió para siempre. Y aunque el tiempo pase, hay ausencias que nunca dejan de doler. Ojalá nunca olvides todo lo que papá dejó en ti. Porque en tu forma de amar a la familia, en tu gusto por lo clásico, por lo vaquero, por las canciones de antaño, por las carnes asadas y las cosas simples de la vida… él sigue viviendo contigo. Está en cada meta que quieres cumplir. Está en el hombre que intentas convertirte. Está incluso en las veces donde te levantas aunque sientas el corazón cansado. Espero que la vida no te haya vuelto frío. Espero que sigas mirando el cielo cuando necesites pensar. Que sigas escuchando música que te haga sentir vivo. Que todavía te emociones con los pequeños momentos. Que no hayas perdido esa sensibilidad tan tuya, porque aunque sentir tanto a veces duela, también es lo que te hace humano. Quiero que recuerdes los sueños que tienes hoy. El muchacho que quiere estudiar ingeniería ambiental para hacer algo bueno por el mundo. El que imagina un futuro tranquilo, estable, con una familia unida y paz emocional. El que sueña con una casa donde nunca falten risas, música y amor verdadero. Y si las cosas no salieron exactamente como imaginabas, no te castigues por eso. La vida no siempre sigue nuestros planes. A veces simplemente sobrevivir ya es una victoria enorme. Porque tú sabes todo lo que has tenido que cargar a tu corta edad. Las pérdidas. Las decepciones. Las veces que sentiste que nadie entendía cómo te sentías realmente. Y aun así aquí estás… intentando convertirte en alguien bueno, noble y fuerte. Y quiero pedirte algo, Ernesto del futuro: No olvides jamás al muchacho que escribió esta carta en su última semana de preparatoria. No olvides al joven que tenía miedo de crecer porque sentía que el tiempo le estaba arrebatando personas, momentos y versiones de sí mismo demasiado rápido. No olvides al hijo que todavía extraña a su papá en silencio. No olvides al muchacho sensible que amaba profundamente aunque el mundo lo lastimara. Y sobre todo… no olvides sentir. Porque quizá algún día tengas muchas responsabilidades, problemas y cansancio encima. Quizá la vida te cambie. Pero espero que nunca mates la parte más bonita de ti por intentar sobrevivir. Hoy soy yo quien sueña con convertirse en ti. Y sinceramente espero que cuando leas esto puedas decir: “Lo logramos.” Para abrir el 18 de marzo de 2030, en mi cumpleaños número 22. Espero que al leer esto todavía siga vivo dentro de ti el muchacho noble, sensible y soñador que escribió estas palabras. Con cariño, Ernesto, 2026.
By YoDelFuturo ®
Haz click aqui para escribirte mas cartas.