Carta a mi Yo-lector del Futuro Querido(a) Yo-lector: Escribo esta carta a mi Yo-lector del futuro porque espero que en un (1) año, cuando haya pasado el tiempo, pueda abrir este mensaje como quien encuentra una cápsula del tiempo… o como quien relee un subrayado dramático y piensa: “qué intensa era”. Quiero saber si cambié (o no) como lectora, si finalmente me volví más “objetiva” —como si eso existiera en cuestiones de gusto— o si sigo defendiendo con argumentos casi académicos mis obsesiones literarias un poco sombrías. A propósito, te cuento cuáles son en la actualidad mis 5 libros predilectos (sí, siguen siendo intensitos, qué sorpresa): 1. Persépolis / Marjane Satrapi 2. El arrancacorazones / Boris Vian 3. El segundo sexo / Simone de Beauvoir 4. Los 120 días de Sodoma / Marqués de Sade 5. Conflictos del alma infantil / Carl Jung Estamos en agosto y el clima en mi ciudad está indeciso, como yo frente a una librería sin presupuesto: a ratos gris, a ratos luminoso, pero siempre con ese aire de “podría estar mejor”. También estoy iniciando una asignatura llamada “Lectores autónomos”, donde básicamente me pidieron que me analizara como si fuera uno de mis libros raros favoritos. Así que aquí estoy, ejerciendo la autopsia emocional con cierta dignidad. Te cuento que: El último libro que leí fue Conflictos del alma infantil y me impactó porque, al parecer, nada en la infancia era tan “normal” como me habían dicho. Resulta que todo tiene raíz, símbolo y trauma potencial. Fascinante y ligeramente inquietante, justo como me gusta. Justo ahora quisiera leer más sobre guerras —especialmente las relacionadas con Rusia y la Unión Soviética— y también más manga psicológico y perturbador (porque la estabilidad emocional está sobrevalorada), pero no lo he hecho tanto como quiero porque mi economía tiene otros planes para mí. Si pudiera conversar con un autor, elegiría a Boris Vian, porque nadie combina lo absurdo con lo cruel con tanta elegancia. Le preguntaría cómo se escribe algo tan extraño sin que el mundo te mire como si necesitaras terapia (aunque probablemente sí). Querido yo, para que no olvides lo que hoy me mueve —además del café y la ansiedad académica—, te comparto mis anhelos actuales: El proyecto familiar que tengo en mente realizar en un año es lograr una estabilidad económica que nos permita vivir sin que cada gasto suene a tragedia griega. Mi aspiración laboral en 12 meses es tener un trabajo que me dé independencia financiera y, milagrosamente, tiempo para leer. Académicamente, espero volverme más crítica, más profunda y tal vez menos dramática al subrayar (aunque lo dudo). Y ahora, Yo-Futuro, permíteme recordarte tus cualidades —sí, tienes varias, aunque a veces lo olvides—: Una curiosidad casi testaruda que no se apaga ni en días difíciles. La capacidad de refugiarte en un libro cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso. Una sensibilidad que no se anestesia ante lo duro, lo histórico o lo incómodo. El impulso de cuestionarlo todo, incluso tus propios gustos. El extraño talento de disfrutar lo tétrico, lo raro y lo psicológicamente inquietante sin perder la ternura. Cuando estés leyendo esto, espero que estés más estable económicamente (por favor), que sigas leyendo cosas que incomoden un poco y que no hayas cambiado tu esencia por algo más “ligero” solo para encajar. Te dejo un mensaje, por si el futuro decide ponerse dramático: la curiosidad fue tu forma de resistencia. Si todo falla, abre un libro. Si el libro es raro y oscuro, mejor: ahí siempre te has sentido en casa. Con afecto, ironía y esperanza, Tu yo del pasado. ✨
By YoDelFuturo ®
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Carta a mi Yo-lector del Futuro Querido(a) Yo-lector: Escribo esta carta a mi Yo-lector del futuro porque espero que en un (1) año, cuando haya pasado el tiempo, pueda abrir este mensaje como quien encuentra una cápsula del tiempo… o como quien relee un subrayado dramático y piensa: “qué intensa era”. Quiero saber si cambié (o no) como lectora, si finalmente me volví más “objetiva” —como si eso existiera en cuestiones de gusto— o si sigo defendiendo con argumentos casi académicos mis obsesiones literarias un poco sombrías. A propósito, te cuento cuáles son en la actualidad mis 5 libros predilectos (sí, siguen siendo intensitos, qué sorpresa): 1. Persépolis / Marjane Satrapi 2. El arrancacorazones / Boris Vian 3. El segundo sexo / Simone de Beauvoir 4. Los 120 días de Sodoma / Marqués de Sade 5. Conflictos del alma infantil / Carl Jung Estamos en agosto y el clima en mi ciudad está indeciso, como yo frente a una librería sin presupuesto: a ratos gris, a ratos luminoso, pero siempre con ese aire de “podría estar mejor”. También estoy iniciando una asignatura llamada “Lectores autónomos”, donde básicamente me pidieron que me analizara como si fuera uno de mis libros raros favoritos. Así que aquí estoy, ejerciendo la autopsia emocional con cierta dignidad. Te cuento que: El último libro que leí fue Conflictos del alma infantil y me impactó porque, al parecer, nada en la infancia era tan “normal” como me habían dicho. Resulta que todo tiene raíz, símbolo y trauma potencial. Fascinante y ligeramente inquietante, justo como me gusta. Justo ahora quisiera leer más sobre guerras —especialmente las relacionadas con Rusia y la Unión Soviética— y también más manga psicológico y perturbador (porque la estabilidad emocional está sobrevalorada), pero no lo he hecho tanto como quiero porque mi economía tiene otros planes para mí. Si pudiera conversar con un autor, elegiría a Boris Vian, porque nadie combina lo absurdo con lo cruel con tanta elegancia. Le preguntaría cómo se escribe algo tan extraño sin que el mundo te mire como si necesitaras terapia (aunque probablemente sí). Querido yo, para que no olvides lo que hoy me mueve —además del café y la ansiedad académica—, te comparto mis anhelos actuales: El proyecto familiar que tengo en mente realizar en un año es lograr una estabilidad económica que nos permita vivir sin que cada gasto suene a tragedia griega. Mi aspiración laboral en 12 meses es tener un trabajo que me dé independencia financiera y, milagrosamente, tiempo para leer. Académicamente, espero volverme más crítica, más profunda y tal vez menos dramática al subrayar (aunque lo dudo). Y ahora, Yo-Futuro, permíteme recordarte tus cualidades —sí, tienes varias, aunque a veces lo olvides—: Una curiosidad casi testaruda que no se apaga ni en días difíciles. La capacidad de refugiarte en un libro cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso. Una sensibilidad que no se anestesia ante lo duro, lo histórico o lo incómodo. El impulso de cuestionarlo todo, incluso tus propios gustos. El extraño talento de disfrutar lo tétrico, lo raro y lo psicológicamente inquietante sin perder la ternura. Cuando estés leyendo esto, espero que estés más estable económicamente (por favor), que sigas leyendo cosas que incomoden un poco y que no hayas cambiado tu esencia por algo más “ligero” solo para encajar. Te dejo un mensaje, por si el futuro decide ponerse dramático: la curiosidad fue tu forma de resistencia. Si todo falla, abre un libro. Si el libro es raro y oscuro, mejor: ahí siempre te has sentido en casa. Con afecto, ironía y esperanza, Tu yo del pasado. ✨
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