Una carta escrita el 25 de enero de 2026

en Perú
Para cuando estés listo para leer esto

Ismael, No sé en qué momento de tu vida vas a leer estas palabras, ni en qué etapa estarás, ni qué habrá sido de nosotros en tus recuerdos. Pero sentí la necesidad de escribirte, no para cambiar nada, sino para cerrar con honestidad, calma y amor. Lo nuestro fue real para mí. No fue un error, no fue un capricho, no fue un momento pasajero. Te amé de una forma profunda, tranquila y sincera. Te elegí con conciencia, con ilusión y con un cariño que pocas veces he sentido. Fui muy feliz contigo. En las caminatas, en el centro de Lima, en tus canciones, en tu voz, en tu forma de cuidarme, de acompañarme, de tomar mi mano. Fui feliz compartiendo mi mundo contigo y entrando poco a poco en el tuyo. También es verdad que tuve miedos. Muchos. Miedo a perderte, miedo a la distancia, miedo a que no fuera suficiente, miedo a repetir historias donde yo siempre era la que luchaba más. Y aun así, te elegí. Incluso desde lejos, incluso con dolor, incluso con incertidumbre. Hubiera querido que nuestro final fuera distinto. No perfecto, pero sí claro. Mirándonos a los ojos, hablando sin apuros, despidiéndonos con respeto. Eso fue lo que más me dolió: no haber tenido un cierre verdadero, no haber entendido del todo cuándo dejaste de luchar y por qué. Nunca dudé de que me amaras. Pero también entendí que amar no siempre significa saber quedarse. Que a veces uno ama, pero no sabe manejar sus miedos, sus heridas, su historia. Y eso no te hace una mala persona… solo te muestra como alguien que todavía está aprendiendo. Quiero que sepas algo muy importante: yo sí lo intenté. Intenté comprender, esperar, hablar, viajar, sostener, confiar. No me rendí fácil. Y hoy puedo quedarme en paz sabiendo que amé bien, que no huí, que no jugué, que no fui indiferente. Todavía te tengo cariño. Todavía hay una parte de mí que te ama de una forma silenciosa, sin exigencias, sin reclamos, sin expectativas. Pero también aprendí que yo merezco a alguien que pueda quedarse sin miedo, que pueda elegir sin dudar, que pueda construir sin escapar. Te deseo de corazón que algún día puedas ordenar tu mundo interior. Que puedas mirar tu historia con calma, sanar lo que duele, y aprender a quedarte cuando algo es verdadero. Eso te va a ayudar no solo en el amor, sino en toda tu vida. Si algún día el destino nos vuelve a cruzar, ojalá sea desde versiones más sanas, más maduras, más libres. Ojalá podamos mirarnos sin tristeza, sin culpa, sin heridas abiertas. Y si no volvemos a encontrarnos, igual agradezco profundamente que nuestras almas se hayan encontrado una vez. Gracias por lo que fuimos. Gracias por lo que aprendí contigo. Gracias por haber sido parte de mi historia. Yo sigo caminando. Sanando. Aprendiendo a quererme mejor. Y guardando lo bonito sin rencor. Con cariño, Astrid



By YoDelFuturo ®

Haz click aqui para escribirte mas cartas.







Una carta del 25 de enero de 2026

en Perú
Para cuando estés listo para leer esto

Ismael, No sé en qué momento de tu vida vas a leer estas palabras, ni en qué etapa estarás, ni qué habrá sido de nosotros en tus recuerdos. Pero sentí la necesidad de escribirte, no para cambiar nada, sino para cerrar con honestidad, calma y amor. Lo nuestro fue real para mí. No fue un error, no fue un capricho, no fue un momento pasajero. Te amé de una forma profunda, tranquila y sincera. Te elegí con conciencia, con ilusión y con un cariño que pocas veces he sentido. Fui muy feliz contigo. En las caminatas, en el centro de Lima, en tus canciones, en tu voz, en tu forma de cuidarme, de acompañarme, de tomar mi mano. Fui feliz compartiendo mi mundo contigo y entrando poco a poco en el tuyo. También es verdad que tuve miedos. Muchos. Miedo a perderte, miedo a la distancia, miedo a que no fuera suficiente, miedo a repetir historias donde yo siempre era la que luchaba más. Y aun así, te elegí. Incluso desde lejos, incluso con dolor, incluso con incertidumbre. Hubiera querido que nuestro final fuera distinto. No perfecto, pero sí claro. Mirándonos a los ojos, hablando sin apuros, despidiéndonos con respeto. Eso fue lo que más me dolió: no haber tenido un cierre verdadero, no haber entendido del todo cuándo dejaste de luchar y por qué. Nunca dudé de que me amaras. Pero también entendí que amar no siempre significa saber quedarse. Que a veces uno ama, pero no sabe manejar sus miedos, sus heridas, su historia. Y eso no te hace una mala persona… solo te muestra como alguien que todavía está aprendiendo. Quiero que sepas algo muy importante: yo sí lo intenté. Intenté comprender, esperar, hablar, viajar, sostener, confiar. No me rendí fácil. Y hoy puedo quedarme en paz sabiendo que amé bien, que no huí, que no jugué, que no fui indiferente. Todavía te tengo cariño. Todavía hay una parte de mí que te ama de una forma silenciosa, sin exigencias, sin reclamos, sin expectativas. Pero también aprendí que yo merezco a alguien que pueda quedarse sin miedo, que pueda elegir sin dudar, que pueda construir sin escapar. Te deseo de corazón que algún día puedas ordenar tu mundo interior. Que puedas mirar tu historia con calma, sanar lo que duele, y aprender a quedarte cuando algo es verdadero. Eso te va a ayudar no solo en el amor, sino en toda tu vida. Si algún día el destino nos vuelve a cruzar, ojalá sea desde versiones más sanas, más maduras, más libres. Ojalá podamos mirarnos sin tristeza, sin culpa, sin heridas abiertas. Y si no volvemos a encontrarnos, igual agradezco profundamente que nuestras almas se hayan encontrado una vez. Gracias por lo que fuimos. Gracias por lo que aprendí contigo. Gracias por haber sido parte de mi historia. Yo sigo caminando. Sanando. Aprendiendo a quererme mejor. Y guardando lo bonito sin rencor. Con cariño, Astrid



By YoDelFuturo ®

Haz click aqui para escribirte mas cartas.